mercredi 18 mars 2009

1: Primer día

Hace frío, y el viento helado roza tenuemente mi cara, pero con la fuerza suficiente para sentir cómo penetra la piel; y la nieve blanca atrofia mis sentidos al perderme mirándola.
Todo transcurre igual que los últimos años que recuerdo, los muchos años que recuerdo, como cada invierno, como cada helada que he pasado, todo pareciera estar intacto, inmutable ante el paso del tiempo, todo excepto yo.
Y es que, el tiempo pesa, porque no se limita a sólo pasar, sino que también se acumula: se acumula en recuerdos, en culpas, en dolor, y pesa, como cargar piedras a cuestas. En fin, después de todo, ya estoy acostumbrada a vivir con ello, es parte de mi naturaleza cargar con culpas, y cargarlas sola.

Contemplo el horizonte mientras muere el día, con todos esos colores que difusos se mezclan, dando por resultado esa tonalidad que me eriza la piel, parte negra, después azul, y después naranja, rosado y amarillo…. Y al centro el sol, como siempre, mientras cae, el tibio sol que hace años me da la espalda, al que sólo puedo mirar en la distancia. Se sentía tan bien la calidez del sol, la alegría, el naranja….. ese bendito color naranja que fue al mismo tiempo y en el mismo lugar cielo e infierno, naranja y luminoso, como el bienestar, la energía, como los sábados, idéntico a….. bueno, ya, qué importa, después de todo tengo prohibido recordar. Ahora ese naranja sólo puedo sentirlo tenuemente al verlo en el sol lejano de cada atardecer, mientras todo mi interior se estremece a su paso. El sol, el sol… extraño el sol cuando intento recordar lo que se sentía cuando me iluminaba la piel, el cabello, la mirada; cuando le sentía caer sobre mi espalda, cuando me devoraba entera, cuando sentía ese calor y sentía tanta plenitud, tanta tranquilidad…. Cuando me perdía entre su color y su luminosidad, y parecíamos una sola cosa.
Sí, definitivamente aún me acuerdo, al menos puedo conservarlo en mi memoria, sólo que al mismo tiempo es muy penoso saber, que por más que lo añore, no puedo sentir sobre mí al sol otra vez. Supongo que tendré que resignarme a la sobria belleza de la nieve y a las estrellas, en todo su blanco resplandor.

Bien, sigo aquí de pie esperando, y nada que aparece, caramba. Bueno, dado que ya el sol se ha metido y ya no puedo verlo, encendamos un cigarro para la nostalgia y para perfumar un poco el viento helado. Uf, bueno, creo que no ha venido, en fin, será mejor que me marche, no quiero perder mi tiempo aquí esperando a nadie.

Escucho mis propios pasos murmurarle cosas a la nieve mientras camino, y la luz de luna socavando mi mirada. Vaya que extraño horrores al sol pero la luna me da sosiego y paz. Y los copos de nieve, son fríos, pero su aroma es sutil, y sus formas extraordinarias. Tienen tantos colores, incluso los colores de mi tan añorado sol están en esos diminutos copos de nieve que caen. Será mejor que apresure el paso si no quiero terminar con la chaqueta mojada.

Ya casi llego, sigue haciendo frío, y ahora me pierdo en medio de la noche, ha dejado de nevar; se acabaron los copos de luz por hoy, no más fragmentos de sol, no ahora. Vuelvo a casa.

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